Friday, September 22, 2006

Amnesia

AMNESIA

La primera vez que la vi me pareció una especie de artista de circo. Llevaba un cintillo rojo en la cabeza, unas zapatillas de danza y un traje tipo mameluco muy ajustado. No tengo nada contra el circo, pero ella me pareció muy desagradable, sobre todo cuando me dijo:
-¡Por qué no corres tu auto, pajarón!, ¿o crees que Dios hizo la calle pa’ los puros cuicos!
No supe qué contestar, no estoy acostumbrado a que me insulten gratuitamente, así es que me subí al auto y me fui.
Al día siguiente me estacioné un poco más lejos, no quería encontrarme con la bruja, pero resultó que esta vez me la encontré en el casino:
-¿Desde cuando su papito le compró el casino que ahora el lindo se da el lujo de fumar adentro?
Miré mi cigarro recién encendido y contesté:
-Perdón, ¿te molesta?
-Idiota. –me gruñó-.
-Amargada. –le escupí-.
Ahí pasó lo increíble, me miró intensamente, como rogándome que la reconociera, la pupila titilante al borde de estallar en llanto. Si tan solo le hubiera sostenido la mirada un par de segundos más, tal vez lo habría descubierto. Giré sobre mis pasos y salí sin mirar atrás.
Ya en mi casa, dispuesto a dormir, la imagen me atacó sin preámbulos. Los ojos brillantes, desbordados y punzantes como dagas se abalanzaron sobre mí. ¿Dónde había visto esos ojos antes? ¿por qué la urgencia de huir cuando empezaba a distinguir algo familiar en su modo de mirarme?
No podía dormir y me fui al balcón. El aire viscoso de las industrias nocturnas se me pegaba en el paladar y me traía un leve recuerdo de otras noches como esa, los brazos fríos cruzados sobre el pecho, un cigarrillo apagándose en el cenicero, un crepitar otoñal en las calles desiertas y ese aroma desquiciante que parece que reconocemos y en la punta de la lengua se deshace burlándose de nuestro ingenuo intento de capturarlo.

Sin embargo, el aroma no se fue del todo, una pequeña brisa lo empujó directo hacia Víctor, que en ese momento comenzaba su rutinario camino hacia el recuerdo, primero su aroma, luego su voz, su mirada (¡tantas veces su mirada!), finalmente un nombre… Camila.
Como un derrumbe se le vino encima la memoria: Camila, Camila, su amada Camila, dulce y adorada, aire y agua en un solo elemento, vida, Camila… amor.
Lo recordaba muy bien, ni una sombra empañaba el recuerdo. El tipo con que la encontró no era nadie, un compañero de ballet que la ayudaba con los pasos más complicados. El veneno avanzó tan rápido que Víctor tuvo que extirpar la traición de raíz. El problema es que la remoción de Camila del alma de Víctor no resultó tan fácil. Siempre un pequeño resquicio lo lleva todas las noches por el mismo camino: el aroma, la voz, la mirada, el nombre, la traición, el veneno, la amnesia.
Alejandra Rodríguez U.

3 Comments:

Blogger Lizzy said...

¿quién le ha puesto al huracán, jamás ni yugos ni trabas? Una leve variación de temperatura...

3:25 PM  
Anonymous Anonymous said...

Te sorprendería como google hizo que llegara aquí. Me encantó la forma en que invocaste el olvido. El ser conciente de lo inconciente puede ser perturbador. Amnesia. Muy buen relato. De verdad muy bueno.
Mas de alguna vez habré sido un Victor.

Te saludo a tí =)

4:08 AM  
Blogger Nombre said...

Alejandra, grato gusto leer este relato tuyo. Se ve gran madurez y un excelente dominio de la narración. Me gusta el uso de los diálogos. Buena trama y en general súper bien logrado.

Saludos y abrazos,

Javier

9:12 PM  

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